MARTÍN SOLÁ: “EL DOCUMENTAL NO ES UNA HERRAMIENTA AUXILIAR DEL PERIODISMO”

12/11/2016

@MireiaMullor ha entrevistat el director Martín Solá, que ahir va presentar “La familia chechena”

 

Martín Solá: “El documental no es una herramienta auxiliar del periodismo”

Argentino de nacimiento, Martín Solá aterrizó ayer en la Mostra de Cinema Internacional del Baix Llobregat para presentar su último trabajo: La familia chechena, un retrato de una nación (Chechenia) que vive ocupada por una potencia más grande (Rusia). Es precisamente de esto, de pueblos que viven en territorio ocupado, de lo que trata la trilogía que enmarca este filme, que el cineasta ha bautizado como “La trilogía de la resistencia”.

Lo que comenzó en 2013 con Hamdan, sobre el conflicto palestino, sigue ahora con un documental donde las danzas tradicionales chechenas sirven de pilares de una narrativa puramente cinematográfica. De esta voluntad de priorizar el arte del cine a la información, así como de otras cuestiones sobre su cine, nos ha hablado Solá, que ya prepara la tercera y última parte de la trilogía en el Tíbet.

¿Cómo surge la idea de hacer una trilogía?

Todo empieza porque hice la primera parte en Palestina, y a partir de ahí surgió la idea de retratar tres lugares que están ocupados y que no son reconocidos como país. La primera, como digo, fue en Palestina, y se centraba en la resistencia de la lucha armada. La segunda es en Chechenia, que es la resistencia a partir de la fe y la religión. Y la tercera será, espero, en el Tíbet, que irá sobre el amor. Son los tres tipos de resistencia distintos ante la situación que viven, cómo se enfrentan al día a día, cómo hacen para canalizar todo eso que viven, que es muy duro.

Entonces, ¿cuál fue la motivación de hacer esa primera parte que lo empieza todo?

Tenía un amigo palestino que vino a estudiar a Argentina, y siempre me decía que debía ir a filmar a su país. La verdad es que como se han hecho tantas películas allí, yo no quería hacer una más. Era un conflicto muy complejo, además. Entonces me enteré de que mi amigo conocía a uno de los líderes más importantes del norte palestino. Si podíamos llegar a él, estaba dispuesto a hacerlo. Ese personaje fue finalmente el protagonista del primer documental. La trilogía vino de una voluntad de darle al filme más vuelo, de distinguirlo de todo lo que se había hecho sobre Palestina, pero también de mostrar en diferentes lugares cómo la gente canaliza y se enfrenta a tanto dolor.

¿Te interesa más el contexto histórico o las historias humanas?

Aquí está el tema interesante. A nosotros lo que más nos interesa, aunque suene como si fuéramos herejes, es el cine. Somos cineastas, no sociólogos ni antropólogos ni periodistas. Intentamos ante todo narrar cinematográficamente. Es decir, entendemos que el documental no es una herramienta auxiliar del periodismo, sino que tiene un valor estético y narrativo. Creemos que el cine tiene su propio lenguaje. Entonces, para nosotros lo primero es hacer una película con una construcción cinematográfica, lo que en nuestro caso significa que no te vas a ir con mucha información sobre el conflicto, porque no es lo que buscamos. Queremos generar en el espectador un estado de ánimo. Dentro de esa búsqueda, nos pueden servir diferentes herramientas.

¿Queríais alejaros de las películas habituales sobre conflictos?

Exacto, porque hemos visto muchas y tienen un problema. En el caso palestino, hay cuatro problemas esenciales: el muro, los presos, los refugiados y el agua. Muchas películas intentan en una hora y media tocar todos esos temas, y a la vez mostrar también cómo sufren los israelíes. Ves una película de una hora y media que quiere tocar todo eso y, al final, no te enteras de nada. Dijimos de ir a lo ínfimo, a un personaje, y que entre lo que tenga que entrar. En Chechenia, como trataba sobre la resistencia religiosa, buscamos las danzas, que tienen un gran valor plástico y cinematográfico. Con ellas entra parte del conflicto, pero muy a cuentagotas. No nos interesa ese punto de dar información. Ojalá que la película despierte la motivación en el espectador y vaya a buscar material en internet o en los libros.

Vaya, que el objetivo no es informativo.

No, no. Intentamos hacer cine, algo que narre el tiempo, el espacio y el sonido. Porque amamos el cine y creemos que, sobre todo el documental que siempre ha sido el hermano menor, tiene un valor artístico. Sabemos que no explicar las cosas nos pasa factura, a mucha gente no le gusta, pero son elecciones que tomas.

Quizás con Palestina no sea del todo necesario, porque es un conflicto más mediático, pero no sé hasta qué punto el de Chechenia se conoce.

Sí, eso es verdad. No cabe duda que hay gente que no tiene esa información. Pero mira, una frase que me ayudó mucho es una que dijo Tarkovsky: "No se le puede pedir todo a una película". Si uno quiere tener una visión más global de un conflicto, o de una situación cualquiera, debería ver diferentes películas de diferentes directores con diferentes puntos de vista sobre ese mismo tema para tener una visión más o menos amplia, pero no se le puede pedir todo a una película o a un director. Para mí eso es clave.

En cuanto al conflicto en Chechenia, te pido que pongas en palabras lo que no has querido decir en el documental: ¿qué es lo que pasa en esa zona?

Cuando cae la URSS, los chechenos se arman. No eran una guerrilla informal, sino que eran militares formados. Rusia pensó que recuperaría Chechenia fácilmente, pero el pueblo combatió y venció pese a ser más pequeños. De ahí hasta el 1998, Chechenia tiene cierta independencia, pero Rusia se mete mucho para traficar con el petróleo y el gas. Es una etapa tremenda, durísima. Y en el 1999, Rusia decide recuperar Chechenia bajo el mando de Putin, que en aquel momento no era aún presidente. Los rusos ganan la guerra, que si se tiene en cuenta la cantidad de habitantes y muertos, posiblemente es la guerra más terrible del siglo XX. Desde aquel momento estuvo el ejército ruso en Chechenia, hasta el 2012, cuando Rusia declara el país libre de terrorismo. Eso sí, deja dentro de sus estructuras gente que responda ante ellos, para seguir manteniendo el control de la política. Esta es la situación actual, pero el Cáucaso es muy complejo. Siempre digo que cuando uno empieza a profundizar en estos conflictos es muy difícil encontrar al malo y al bueno. No es blanco o negro, pero este sería el resumen.

O sea que desde un principio le estás pidiendo al espectador que se informe de todo esto fuera de la película.

Sí, desde ya. Obviamente se puede dar un punto de vista, pero es complejo explicarlo. Lo mejor es que cada uno se informe y saque sus propias conclusiones, aunque es difícil.

Con Internet quizás se ha vuelto más fácil.

Informarse sí, pero no sacar unas conclusiones claras. A veces las cosas no son como parecen. Es muy complejo dar una visión total del conflicto, por eso nosotros nos quedamos con el lado cinematográfico (ríe). Nuestra búsqueda es más cinematográfica, y al final se filtra el conflicto. El cine es un rostro, y no hace falta que alguien lo explique totalmente.

Mencionabas que quieres crear un estado de ánimo en el espectador. ¿Cuál?

Me gustaría que sienta que está dentro de las danzas. Que ese trance que viven los personajes, el espectador también lo pueda sentir. Me gusta mucho el concepto de lo físico en el cine, cuando no es tan intelectual y no hay que racionalizarlo tanto. Cuando sales del cine y te quedas con una emoción más que con una idea. El objetivo de “La familia chechena” es que el público pueda vivir ese trance con los personajes durante la danza. Danzar con ellos, aunque sea muy difícil.

Estos bailes tienen una presencia importantísima en la película.

Son los pilares. Cuando fuimos, teníamos claro que las queríamos mostrar. Narrativamente, lo que busca la película no es un giro argumental, que te presente un conflicto nuevo, sino que lo dan los clímax. O es lo que intentamos hacer, porque si sale bien o no, no nos corresponde a nosotros decirlo.

¿Partía de una estructura previa o fue improvisado?

Sabíamos que teníamos los pilares de las danzas, y después quería un protagonista como hilo conductor, pero no como acaparador de la historia con su vida y sus conflictos. Cuando estás allí físicamente, empiezas a completarlo todo: la elección de esta persona, situaciones que no habías previsto y demás imágenes. Por ejemplo, las mujeres y los hombres viven socialmente separados, especialmente cuando las niñas crecen. El protagonista tenía hijas, por eso le escogí, y cuando nosotros entrábamos en su casa las hijas se escondían, porque es lo que suelen hacer. Esto no está verbalizado en el documental, sino que se explica a través del lenguaje cinematográfico: las mujeres tienen su propio bloque en la película, y las vemos a través de las ventanas. No hace falta decir nada en voz alta, lo ves en la estructura del filme. Obviamente, hay gente que lo lee y gente que no, pero es parte del desafío.

¿Dirías que necesita de un espectador exigente?

No lo creo. A la gente le han hecho creer que determinadas películas son exigentes, y la han acostumbrado a otra cosa. No sé hasta qué punto hay que prepararse para un tipo de cine. Tiene que ser un espectador predispuesto a que le muestren otro tipo de relato, donde no te expliquen el conflicto. Luego te puede gustar o no, pero tienes que estar predispuesto a ello.

¿Cómo llegaste a la Mostra?

Contactaron conmigo porque les había interesado la película. No la conocía, pero la verdad es que la programación está muy buena. Estuve en la inauguración y vi que hay películas muy interesantes. Pude ver la película chilena “El viento sabe que vuelvo a casa” y me pareció una película bellísima.

¿Cuándo podremos ver la tercera y última parte de la trilogía?

Ahora mismo estamos buscando el dinero. Queremos que sea sobre el amor, aunque no sabemos aún en qué sentido. No está definido. Lo primero es solucionar el tema del dinero, está claro. Al final, la idea detrás de los tres documentales es ahondar en tres maneras de enfrentarse al dolor de un territorio ocupado: lucha, fe y amor.